Por Yadiris Luis Fuentes,
Tercer Año de Periodismo
Universidad de Pinar del Río
Despertó.
Miró a su lado. No reconoció al hombre que dormía, pero tampoco le espanto
verle. No quería saber quién era o por qué estaba allí.
Se
levantó lentamente para no despertarlo. Fue hacia el baño. Miró al espejo. No
le costó darse cuenta de que los años y
el tiempo son imperdonables, todo lo marchitan a su paso. Sus párpados estaban
caídos. Unas horribles ojeras maquillaban su rostro, eran indicios de muchas
malas noches donde no fue feliz, ni intento serlo. Sus labios quebrados
ansiaban un beso, pero a quién pedírselo si a aquel hombre en la cama no le
conocía.

