por JORGE LEGAÑOA ALONSO
@cronicasdecuba
Hace apenas unos días lo volví
a tener delante y uno como que se alela, y viene esa sonrisa medio tonta de no
saber qué decir, pero los nervios no impiden otear a René González y seguir
cada gesto, y hasta reparar en los detalles más insondables. Es difícil seguir
sus manos, no las deja quietas un segundo, hablan tanto como él, son como las
de Fidel, siempre en alerta, señalando el derrotero, convidando a la lucha.
