Por: Jorge Luis Salas Hernández
Ayer mi vecina me enseñó su árbol navideño. Contenta me pidió que pusiera mis ojos en su obra, e hizo silencio. Debo confesar que el árbol de mi vecina se parece a ella: fuerte aunque ya tiene muchos años, con ramas semi-caídas pero que soportan el peso de los gastados adornos...
Ayer mi vecina me enseñó su árbol navideño. Contenta me pidió que pusiera mis ojos en su obra, e hizo silencio. Debo confesar que el árbol de mi vecina se parece a ella: fuerte aunque ya tiene muchos años, con ramas semi-caídas pero que soportan el peso de los gastados adornos...
