Por María del Carmen Ramón, periodista de la revista digital cubana Cubahora.
Mi hermana aún sufre sus crisis de nostalgia cuando recuerda que ya no puede quedarse con sus amigas hasta altas horas de la noche a comer leche condensada quemada, escuchar las confesiones de la última muchacha del cubículo que perdió su virginidad o inventar cualquier enfermedad para ir al hospital cada noche. Hace apenas un año le dijo adiós a sus pasillos, aulas, piscinas, trampolines y piscinas sin agua, y no se acostumbra a la vida universitaria, sin profes de guardia que la obliguen a ver el noticiero. La entiendo porque yo también extraño a La Lenin. Son más de cinco años los que llevo de graduada, pero quien me conoce sabe que tengo dos anillos en mis manos: el de matrimonio y el de graduada de esta escuela.